23 nov 2010

Cuando un inmenso dolor nos oprime

Esto es un fragmento de un ensayo que una adolescente escribió cuando tenía 14 años.
“Que difícil y triste fue pasar el proceso de separación de mis padres desde hace un año, pero, aún más doloroso  fue cuando ellos me dijeron que se iban a divorciar. Tenía la esperanza de que ellos se iban a juntar nuevamente y ser la familia feliz que fuimos.  Para mí fue como caer a un profundo abismo, de un inmenso dolor  en el que  mi corazón se desgarraba de una tristeza e impotencia por lo sucedido. Creo que llegar a esa situación, a esa sensación de soledad que me inundó, me llevó no sé como a sentir, a como si alguien en ese momento me abrazara y me susurrara: Que no estaba sola, que hay alguien más me ama y que sí le importo realmente. Y entonces, me inundo una sensación de serenidad, paz y tranquilidad, yo creo (estoy convencida) que fue el amor de Dios que pudo ingresar en mí, solo cuando mi corazón y mente se abrieron a ese amor”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario